Situación Contrafáctica I (Cuento con estilo Quiroga)
La conoció en uno de los tantos seminarios que hacen en el centro de investigación. Una muchacha de cabello largo y gafas disimulando unos grandes ojos negros con largas pestañas. Preguntó a uno de los asistentes quién podría ser ella:
-Suele venir muy seguido-
-Es linda- dijo Vallejo mientras se sentaba justo enfrente de ella, quien no quitaba la mirada del gran ventanal que daba al páramo.
-¡Qué va! Es bonita, sí. Pero no le habla a mucha gente, suele venir y mirarnos a todos sin gesto alguno. Después de la plática siempre es la primera en irse- contestó antes de salir por un poco de café.
Vallejo no pudo ocultar su interés por la joven callada. "Será tímida, mejor, valorará más el que yo le hable" pensó mordiendo el bolígrafo.
El seminario estuvo bien pero Vallejo sólo esperaba el momento en el que ella dijera palabra alguna, al menos así podría conocer su nombre. Pero no interrumpió, sólo tomaba cuantiosas notas, a veces incluso cuando el seminarista no decía nada. En la mirada de ella se podía notar la ansiedad típica de quien escribe por gusto y no por deber. La ansiedad de decirlo todo, de expresar algo que se siente. O eso pensaba Vallejo antes de que el moderador diera 10 minutos de receso, afuera, en un jardín con mesas de hierro, un mesero había acomodado diversas frutas, quesos, café y agua. La misteriosa joven se levantó, dejando sus cosas y tomando sólo la libreta que había estado usando y salió rápidamente.
Vallejo tuvo que aventar la suya y el bolígrafo para poder interceptarla a solas.
El día estaba nublado y una brisa otoñal enfriaba el ambiente. Se arrepintió de no haber cogido la americana antes de salir.
Ella vestía un vestido blanco con detalles de flores negras, unas medias negras y se había recogido el cabello en un moño alto, lo que descubría su pálido cuello.
Ya había conseguido café y picoteaba un pedazo de queso. Él tomó un vaso de café y se acercó a ella.
-Fue una buena conferencia, ¿no?- preguntó. Para su sorpresa ella le sonrió sinceramente y contestó con tono jovial:
-Sí, aunque no entendí bien la última parte. No suelo trabajar esos temas. Me llamo Anastasia Esquivel- contestó tendiéndole la mano. Vallejo la apretó, era una mano suave pero huesuda.
-Me llamo René Vallejo, ¿estás en la licenciatura?-
Ella asintió mientras le daba un buen sorbo al café.
-Vaya, ¡qué buen café! ¿no crees?- ella parecía algo nerviosa, luego le preguntó: -Tu acento no es de aquí, ¿de dónde eres?-
-Bueno, ahorita vivo en España, aunque vine hasta acá acompañando a mi asesor. Este congreso reunió bastante gente. De hecho, no soy nativo de allá-
-¿Ah no? Entonces, ¿de dónde?-
Vallejo sonrió. -Si me llamara César, sería más fácil que lo supieras-
-Vale, pero seguramente, darías el brazo izquierdo por escribir algo como Bordas de Hielo. ¿Cuándo regresas?-
-Mañana, éste es el último día del congreso y el lunes sigo con mis clases. ¿Puedo ver tus notas? Quiero mostrarte algo de la demostración de su segundo postulado- preguntó Vallejo, cambiando el tema al que realmente le interesaba
Ella súbitamente palideció para después sonrojarse, miró hacia los lados y luego carraspeó.
-Bueno, no tomé muchas notas-
-Te vi escribir bastante-
Ella rió, el sonido fue transparente y bien definido.
-Vale, no escribí sobre el seminario-
-¿Sobre qué, entonces?-
-Escribo literatura. Poesía, cuentos, ya sabes- contestó mirando al suelo
Vallejo sintió, además de la atracción inicial, una suerte de curiosidad por su interlocutora.
-¡Enséñame algo!- le pidió
Ella volvió a reír.
-Mis escritos son bastante autobiográficos, mostrártelos sería mostrarme sin velos, sin nada.-
-No me conoces, no importa lo que yo piense de ti, aunque sea malo-
Por el rostro de Anastasia pudo vislumbrar una rápida sombra, como si hubiera recordado algo triste. Vallejo no insistió.
El moderador los llamó para que regresaran a la sala. Anastasia volvió con su usual gesto en blanco pero esta vez no escribió nada. Parecía estar sumamente distraída, pensando sin mirar a ningún lado, totalmente absorta en sus pensamientos. Cuando terminó y abrieron la sesión de preguntas y respuestas, Anastasia fue la primera en preguntar. Su duda fue clara y concisa, algo ingenua quizá pero también mostrando una mente limpia y aguda, el expositor le contestó ampliamente por lo que el moderador tuvo que cortar la intervención. Después de la última pregunta y de los aplausos, Anastasia siguió charlando con el seminarista, siempre con una mirada seria y el gesto de concentración profunda. Con descuido, guardó sus cosas y se fue. Pero olvidó una cosa. Su libreta.
Vallejo se quedó inmóvil ante el pequeño rectángulo negro con hojas blancas. Pensó en tomarlo y correr hacia ella, para regresárselo, pero ahí terminaría ese cuasi-idilio, dado lo reacia que era ella a mostrárselo. La segunda opción se le presentó tentadora, con los reflejos de la luz incandescente arrancados del grabado plateado de la pasta. Decidió la segunda y lo tomó.
--------*---------
Siendo parco como era y queriendo estar lo suficientemente lejos para no arrepentirse o sentirse culpable, Vallejo abrió el cuaderno de notas hasta estar sentado en el avión de regreso. Su asesor, un hombre de sesenta años, había tomado una pastilla para dormir justo al despegar y no se despertaría sino 10 horas después para tomar café y hacer algunos apuntes. Vallejo tenía tiempo de sobra para hundirse en la mente de Anastasia.
Se puso cómodo, el corazón le latía como loco y no sabía si era la altura o la emoción, se sentía incluso un poco mareado.
La primera hoja estaba en blanco, la segunda tenía lo que parecía un extracto de una novela hardboiled detectivesca . Luego, con unas líneas de división a la mitad de la hoja, narraba lo que parecía el final en primera persona, el detective se quedaba con una joven 20 años menor que él. Ella iba a su departamento a buscarle para después huir. Ambos sabían que su amor no era puro ni sincero, sólo era eso, un escape.
La narración era fluida y la descripción tan vívida, que Vallejo quiso saber más, el por qué de la historia, quién era cada uno y cómo habían llegado ahí.
Pasó la página, seguía la historia del detective pero ahora era el principio, interrogando al portero de un colegio de prestigio. Donde seguramente conoció a esa chica.
Fueron 5 páginas de novela de detectives. Luego, con otro color de tinta, el flujo de consciencia de alguien.
Anastasia. Sobre su incapacidad para adecuarse al mundo real, las cadenas auto impuestas por ella, su necesidad de la perfección, de lo ideal. De lo poco que le agradaba su actual ser.
Vallejo sintió en lo más profundo de su alma, una cuerda que resonaba con las letras de ella. Suspiró pensando en lo mucho que ella guardaba en su mente, expresándolo sólo en la soledad de las palabras y ahora él, un intruso, podía ver.
Su corazón se detuvo cuando el flujo de consciencia se vio interrumpido por apuntes universitarios. Pasó las páginas y sólo había eso.
"¡Joder!" musitó enfadado.
Fue a la última página del cuaderno y aliviado, notó que había más cosas escritas, pero al revés. Era su diario.
-------**---------
Comentarios
Publicar un comentario