A un templo oriental...
Templo oriental construído entre cerezos y entre lirios,
te ves tan apacible, tan sereno y tan tranquilo,
¿qué tienes que me perturbas y me alejas?
¿qué hay dentro de ti, qué escondes tras tus puertas?
¿Es tu techo a dos aguas? Tu manera de aceptar la lluvia,
de fluir con el vendaval, ¿es esa una lección que me enseñarás?
¿Son tus columnas curvas? Como una sonrisa y un semblante jovial,
¡Qué fortuna si yo puedo hacer reír a tus campanas!
¿Qué son esas pétreas perlas? ¿Harás de mis visitas un rosario?
Me desgranarás cada mañana, harás de mis suspiros tu incienso.
Templo construído a base de enigmas, tus palabras crípticas,
tus enseñanzas indirectas; me has cambiado, me has incitado al cambio.
A base de silencios he aprendido a callar, con la fuerza de tu abrigo
ahora ya aprecio el caminar.
¡Si supieras cuánto te admiro, cuánto te cuido desde lejos,
aunque mi espíritu inexperto camine a oscuras,
mi corazón te manda mil latidos, sincero
como una flecha lanzada a ciegas, con la intención de ser certero!
Templo de lotos, templo de lirios, templo de madera, mi templo vacío.
Hablo demasiado y aún no he aprendido lo que me has dicho,
esas tardes de sosiego, de frío invernal y regocijo,
sentada sin mirar más que la llama de una vela.
Si me dieras asilo, si me quitara de la cabeza, que se quiebra inútilmente,
Mi prisma centelleante, mi signo tan antiguo...
te ves tan apacible, tan sereno y tan tranquilo,
¿qué tienes que me perturbas y me alejas?
¿qué hay dentro de ti, qué escondes tras tus puertas?
¿Es tu techo a dos aguas? Tu manera de aceptar la lluvia,
de fluir con el vendaval, ¿es esa una lección que me enseñarás?
¿Son tus columnas curvas? Como una sonrisa y un semblante jovial,
¡Qué fortuna si yo puedo hacer reír a tus campanas!
¿Qué son esas pétreas perlas? ¿Harás de mis visitas un rosario?
Me desgranarás cada mañana, harás de mis suspiros tu incienso.
Templo construído a base de enigmas, tus palabras crípticas,
tus enseñanzas indirectas; me has cambiado, me has incitado al cambio.
A base de silencios he aprendido a callar, con la fuerza de tu abrigo
ahora ya aprecio el caminar.
¡Si supieras cuánto te admiro, cuánto te cuido desde lejos,
aunque mi espíritu inexperto camine a oscuras,
mi corazón te manda mil latidos, sincero
como una flecha lanzada a ciegas, con la intención de ser certero!
Templo de lotos, templo de lirios, templo de madera, mi templo vacío.
Hablo demasiado y aún no he aprendido lo que me has dicho,
esas tardes de sosiego, de frío invernal y regocijo,
sentada sin mirar más que la llama de una vela.
Si me dieras asilo, si me quitara de la cabeza, que se quiebra inútilmente,
Mi prisma centelleante, mi signo tan antiguo...
Comentarios
Publicar un comentario