Varias montañas escarpadas y de dramáticas formas rodeaban a un gran lago cristalino de un color azul tan vívido que opacaba al cielo nublado. Una pequeña construcción parecida a un castillo con una sola torre, hecha de cuarzo transparente era lo único artificial en todo el paisaje.
El mundo del sueño es vasto y tiene territorios muy diferentes entre sí y a pesar de que la gran parte de él es pública, hay pequeños mundos internos que constituyen los sueños privados de cada persona. Ése valle es uno de ellos.
La mente a la que pertenece es de una joven que se autodenomina 'Princesa Sábado' en tal mundo y recién lo había construído cuando, cansada por todo el trabajo que le costó, se sentó a la orilla del lago. Mientras jugaba con algunas flores de su propia creación, flores que se movían y cambiaban de color dependiendo del estado de ánimo de Sábado, una extraña figura se materializó justo en la entrada del pequeño palacio. Era un humanoide de color blanco, reluciente y sin facciones o algo reconocible. Sólo una figura blanca.
Sábado se levantó, las flores ahora rojas, erizaron sus pétalos como si fueran un gato enojado. Se acercó lentamente y desenvainó su espada (la cual usaba para defenderse en el onírico mundo).
-¿Quién eres y qué haces aquí?- preguntó fingiendo valor pero realmente estaba asustada, ésa era su mente y alguien simplemente había entrado por la puerta principal sin dificultad alguna.
En la cabeza de la figura apareció una boca sonriente, ella retrocedió un poco.
-No tengas miedo, soy 'El mago de Ankhar'- dijo con una voz masculina y alegre.
-Este es un sueño privado...- contestó ella
-Lo sé, eres la princesa Sábado, se ha hablado de ti en el Atelier, eres la más reciente iniciada en el antiguo arte de la reparación de sueños-
Sábado no dijo nada pero siguió con el entrecejo fruncido.
-Veo que arreglaste muy bien tu mente, pero ¿por qué las montañas están tan escarpadas? Incluso tienen nubarrones, ¡Todo el cielo está nublado!-
-¿Qué quieres?-
-Ser tu amigo, claro está, pude entrar sin dificultad, lo que muestra que tenemos una conexión, ¿no lo ves?-
-Ni siquiera te conozco-
-Claro que sí pero por lo visto no me recuerdas, todavía no adquiero una forma definida, bueno, sólo quería darte la bienvenida- dijo jovialmente antes de desaparecer.
Sábado despertó. Eran las 10 de la mañana, ese sueño la había dejado un poco inquieta. Justo después de lograr tener poder en sus sueños, se aparece un algo y ella no pudo hacer nada. Desanimada se levantó, se lavó la cara y los dientes y bajó a desayunar. Su madre acababa de llegar del mercado, pudo escuchar su voz en la entrada, platicando con alguien más. La otra voz la dejó helada, era la misma que había oído en sus sueños
Que bien! has retomado a la princesa Sabado.
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