La música se escucha mejor en vivo.
El ruido constante de la fiesta, el olor a alcohol y el pegajoso piso manchado de líquido me ofuscaba la razón. El humo del cigarro le daba a la luz un buen escenario para manifestarse y parecía como si estuviéramos festejando dentro de una nube. Por una parte la música era tan buena que no podía contener mis ganas de querer bailar (en mi caso, moverme con un ritmo que no siempre correspondía al de la canción), pero por otra, quería salir enfurecida de la habitación después de haberle dicho unas cuantas verdades al anfitrió...