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Mostrando entradas de 2012

El coraje de los veinte... Final

Saltó la barda para regresar caminando a su oficina. Le preocupaban los papeles desordenados sobre su escritorio. Guardó sus manos dentro de los bolsillos de su gabardina y caminó a través de la fresca noche. Los faroles alumbraban de a poco las calles.  Todo esto lo hacía sentirse relativamente más joven, con la oportunidad de poder recuperar el tiempo perdido. Pensó en su mujer y en cuánto le había arruinado la vida.  "Pero no sé quién se la arruinó a quién" Al principio ella lo quería mucho, estaba dispuesta a cualquier cosa con tal de impresionarlo, de quedar bien con él sin embargo, con el paso de los años y de la férrea indiferencia que Raúl le daba, ella se dio por vencida y comenzó a tratarlo mal. Toda su vida había sido un ciclo de abandono y soledad.  Esta jovencita le parecía un camino nuevo entre el ya recorrido bosque. Raúl prendió un cerillo para poder fumar un cigarro. El característico chasquido resonó en la vacía calle. La chispa brilló mom...

Gregorio Samsa en la playa.

El espejo vivo se agitaba lentamente, su ritmo iba acorde con el viento que acariciaba su rostro. El sol sangraba su adiós, sumergiéndose en agua. Gregorio Samsa se sentó en la orilla. La arena exfoliaba sus manos cansadas. "Tanto tiempo caminando sobre ellas, ¿no quieres descansar? Todo el dolor en tu espalda, recuéstate conmigo" le susurró el agua en una concha marina. ¿Cuánto tiempo aguantaría sin respirar? La plateada línea divisoria entre su sólida cordura hecha de pedazos de guijarros y el mar ondulado, lleno de cambios, era la línea entre las dos caras de la luna. Sí, las nubes coronarían su deceso. Moriría con el doble de estrellas, nadando con sus reflejos. La melancolía tiene brazos líquidos y un corazón de suave lecho. La melancolía tiene voz de cristales rotos: "Mi único amor, Gregorio Samsa... ¿No quieres ir a dormir?"

Y en mis costillas florece una rosa.

Y en mis costillas florece una rosa. Sus espinas se enredan en mi corazón. ¡Cuántos suspiros! Cuántos pétalos roídos por el paso del tiempo, por la espera de tus palabras... Se deshace en pedazos de hoja, se derriten al oír tu voz. ¿Qué flor tengo que sembrar para que tú la quieras para adornar la solapa de tu saco? ¿ Qué corazón te muestro para que quieras sincronizar el tuyo a un compás?

El Coraje de los Veinte...Quinta parte

La muchacha retrocedió un poco. Estaba muy nerviosa y asustada. En parte por saber que la podían delatar, por otra, porque un hombre estaba atado en su único refugio y por último, porque él le decía esas cosas... Tan fuera de lugar. Sacó del bolsillo de su abrigo azul marino una cajetilla de cigarros que le pertenecía a Castañeda. -¡Ey! ¿Fumas?- preguntó él Ella asintió mientras lo encendía con un cerillo (también propiedad del detective). Se sentó en el catre, al lado de él. El humo giraba en recovecos muy extraños, las manos le temblaban. Ella miró atentamente los hilos espirales del cigarro. -Parecen un Dalí, ¿no crees?- su voz le temblaba un poco. Al parecer, la adrenalina ya había descendido, dejándola en un estado de medusa emocional... Sin cerebro, sólo nervios expuestos. Castañeda carraspeó. -¿Cómo le has hecho para sobrevivir por semanas en este ático? ¿cómo es que nunca te han descubierto?- -¿Tienes un revólver?- -Eh... Sí pero no has respondido...- -¿Sab...

El Coraje de los Veinte... Cuarta Parte

Castañeda guardó el cuaderno dentro de su saco. Inspeccionó la habitación una vez más pero no encontró nada.  De regreso en la dirección, él no dijo nada sobre sus especulaciones. En cambio dijo que necesitaba más acceso a la biblioteca puesto que creía que ahí es donde más información podría encontrar sobre el paradero de la joven. Ya eran las cinco de la tarde y en el ambiente comenzaba a intensificarse el aroma a tierra mojada. Castañeda se preguntó cómo se sentiría estar en el ático de la biblioteca leyendo, fumando y viendo llover. Un extraño sentimiento de nostalgia rebalsó su corazón... Sus magdalenas eran el olor de la tierra mojada pero, a diferencia del personaje de Proust, le recordaba algo que nunca había vivido. -Es de vital importancia de que guarde esto bajo secreto profesional- recalcó la directora devolviéndolo a la realidad. El mundo interno del detective solía distraerlo. -No se preocupe, le he dicho al personal que soy un ingeniero que contrató para r...

El coraje de los veinte... Tercera parte

Respiró hondamente, el cielo estaba cubierto por una gran nube blanca y sin embargo, el sol le hería los ojos. Se acomodó la fedora para que le tapara bien los ojos. Odiaba la luz solar. Cruzó el patio, pasó al lado de la fuente que rebosaba agua a una coladera que la circundaba. "Maldición, me mojé los zapatos" Entró a la biblioteca. Inmediatamente notó el cambio de temperatura, estaba helada, el aroma a madera y a libro viejo lo hizo sonreír pero luego se ensombreció su rostro, recordó cómo su padre quemó todos sus libros: "No seas mariquita y salte a ensuciar, ¿o la señorita no quiere despeinarse?"   Castañeda agitó la cabeza para pensar en otra cosa, se abotonó el saco. Siguí caminando. Había dos grandes escritorios que servían como entrada. En ambos había sendos ficheros de madera, donde se guardaba la ubicación de los libros.    Las paredes eran de madera al igual que el piso. Y más allá de ellos, había un mar de lomos de diversos colores sobrio...

El coraje de los veinte... Segunda parte

El internado no estaba muy lejos de su oficina.  No era muy grande, Griselda tenía razón, acababan de abrirlo, no tendría más de 8 años.  Se dirigió a la entrada principal donde estaba un portero escuchando atentamente una radio novela. Castañeda carraspeó. -Buenas tardes, soy el ingeniero Beltrán, la directora me mandó llamar- El portero lo miró inquisitivo. Era un hombre de unos 60 años, algo robusto y de mal gesto. Le pasó una libreta y un lápiz. -Anótese- le pidió secamente. El detective anotó el nombre falso en letra de molde, es decir, no con su verdadera grafía. El portero le abrió el zaguán, refunfuñando por haberse perdido valiosos minutos de su radionovela. Había un patio adornado con réplicas de estatuas famosas. "Amor y Psique" en medio de una fuente, "Apolo y Dafne" frente a unas jardineras y otras que él no reconoció. Los edificios estaban alrededor del patio, habían tres edificios de cuatro pisos, uno en cada lado del cuadrado, y un...

El coraje de los veinte años. (Primera Parte)

El sol se colaba entre las polvosas persianas grises. Partículas de polvo flotaban perezosas. El ex policía y ahora detective, Raúl Castañeda jugaba con su revólver sin cargar, sentado con los pies sobre su escritorio y su fedora cubriéndole los ojos.  Estaba sumamente aburrido y cansado, la palabra era: asqueado de tanta rutina. Un cigarro viciaba el ambiente a pesar de que él había dejado de fumar hace un mes. O al menos eso era lo que siempre decía.  Alguien tocó la puerta para después abrirla, por esta maña de descortesía mal disimulada, el detective Castañeda supo que se trataba de su mujer y asistente, Griselda Del Valle, así que no se molestó en apartar el sombrero de su vista. El ruido de papeles, pero sobretodo el tintineo de tazas y el olor a café lo motivaron a incorporase. Griselda era una mujer muy atractiva, alta con buen cuerpo, a pesar de llegar casi a los 37. Era casi rubia, con los ojos color miel, avellanados pero no muy grandes. Iba vestida de un m...

Vida cotidiana

¿No te ahoga la vida cotidiana? Con sus montañas de papeles y sus mares de tráfico. La naturaleza muerta del dormido que espera al despertador. Somos como peces encerrados en una micro pecera de falta de tiempo. Yo intento ver más allá de las raíces de amapola que me sirven de alimento. Dejando el simbolismo, ¿no te estorba la vida cotidiana para poder verme pasar?
De mi corazón abrumado nacerá toda una ciudad. Habrán quienes se suiciden saltando desde la punta de mi agonía más alta. Quienes vean las luces de mis deseos apagarse y prenderse aleatoriamente, quienes se sientan inspirados por su vaivén vertiginoso, quienes se atosiguen con el tráfico, quienes caminen por sus calles tratando de pensar. Otros que se sientan atrapados por su complejidad absurda. Siempre habrán barrios pobres y otros ricos, pero sus calles siempre te harán recordar algo. Algún día nacerá otro corazón dentro de esa ciudad, que se abrume y que cree una ciudad nueva. Así hasta que el pavimento sea los suficientemente duro para protegerme.

Viernes.

Siempre me da nostalgia el viernes. Como una cita formal, aparece desde temprano, absorbiendo mi euforia hasta reducirme a un manojo de recuerdos e hipótesis contrafácticas... Extraño mucha gente, efecto del viernes sobre mi ánimo.

El amor es para los valientes.

But I'm easily hurt and afraid of being hurt and to protect     myself in this [isolation] way is the death of all love. For real    love one needs courage. But this means one must also have  it to make the break and renounce of self-love, in other  words to endure a mortal wound... Diaries , Ludwig Wittgenstein. Por el temor de quererme tanto como yo te quiero, has preferido, primero, para salvarte, perderme. Pero está mudo e inerme tu corazón, de tal suerte que si no me dejas verte es por no ver en la mía la imagen de tu agonía: porque mi muerte es tu muerte. Décimas de nuestro amor , Xavier Villaurrutia. Quedé como en éxtasis... Con febril premura,  «¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par. ...Pero tuve miedo de amar con locura,  de abrir mis heridas, que suelen sangrar,  ¡y no obstante toda mi sed de ternura,  cerrando los ojos, la dejé pasar! Cobardía , Amado Nervo.  ¿Qué ...

When your gaze wanders absently...

...You keep searching for something with a smile , until exhausted you can sleep... Glamorous, Buck Tick. Mi vida no necesita ser un completo caos para que me dé insomnio. Simplemente un café descafeinado y unas cuantas cosas en qué pensar son suficientes para despertarme a las dos de la mañana y mantenerme despierta hasta que la mañana me mande a dormir.  Tampoco necesito haber cometido los grandes errores de mi vida para arrepentirme. Aunque un "me arrepiento" no es una disculpa y un "lo siento" no es un "quiero intentarlo de nuevo". ¿Qué puedo decir? Ahora me cuesta trabajo recordar tu rostro, tu voz e incluso tu aroma.  Perdí una amiga en las brumas de la incertidumbre, en su falta de convicción y de proyecto de vida. Es chistoso que dos personas tan diferentes pudieron haberse hecho tan amigas. Sin embargo, también aprendí que hay más con quien hablar que jamás hubiera pensado. O tal vez es sólo mi imaginación la que me hace pensar que ...

Día de Muertos

-Soy flor de los muertos, soy laberinto de malva terciopelo- dijo caminando a la salida. -Una vez más abriré mi ofrenda, intentaré quitarme la formalidad. No seré tan ceremoniosa, Dime, ¡¿es suficiente lo que estoy haciendo?! Soy de dulce, soy de azúcar, soy chocolate amargo que los extranjeros no se atreven a probar. Soy una amenaza escondida entre las rimas graciosas de los huesos- -Soy dramática, soy melosa. ¿Crees que eso te pueda bastar?- -De colores que revolotean en los hilos de un tendedero roído, soy comestible.- Soy un arlequín que muere de hambre, soy dama rica en la corte de la oscuridad.  No seré la cuna de los genios pero ten certeza de que soy su tumba.

Soulagement.

Las manos me hormigueaban tanto que me dolían. Estaba nerviosa, me temblaban los labios.   Me proponía sonreírle pero al final no pude más que mantener una cara impávida y cetrina, como en rigor mortis. El corazón se agitaba violento en su jaula, como un animal al que se le ha quebrado su sistema cognitivo después de estímulos contradictorios. Yo era poco menos que un perro de Pavlov.  (Somme nous les jouets du destin?) Me levanté de mi silla, intentando ocupar mis pensamientos en otra cosa. El sol reventaba tras las cortinas y sus estallidos impactaban en mis ojos haciéndolos llorar. Una solución pudo haber sido golpearle hasta que sangrara, desahogando mi overdrive en su cráneo. Pero no. Lo único que hice fue pedir un abrazo. Esperando que el calor momentáneo de otras personas me hiciera sentir algo de alivio.  ------------------------------- La gente no nos damos cuenta del impacto de nuestra presencia en los demás. Una sonrisa, un gesto de asco pued...

Escuchar el "Lago de los cisnes" y revivir al final.

Si me siento triste es por la misma razón de siempre.  Por que no me voltean a ver quienes por tanto tiempo me he esforzado por llamar la atención. Por que los demás no importan si en un momento, alguno de los que anhelo me dedican unos 10 minutos de palabras sinceras, de hacerme ver que soy una cara familiar entre la masa gris. Porque podría pasar a la historia, porque podría resquebrajar a los grandes con mis palabras y nada de eso importaría si al regresar a casa siento la indiferencia de ellos pendiendo sobre mi cabeza. Porque cada uno de ellos representa lo que tanto me duele. Porque no puedo conseguir su atención así como no conseguí la de mi padre.  Sonreír constantemente, acertar en el blanco cada vez menos.  Ya no tiene chiste nada de esto. Es infructuoso y sobre todo, lastimero. Si alguien lo supiera, tendría de mí un arma infalible que me dejaría en el suelo, palpitando como una cabeza recién cortada. Porque la solución sería dejar de anhelar, deja...
Si le hablo y le procuro, como si fuera mi familia, yo le pregunto, ¿usted se ofendería? Cuando me da usted incondicional la mano, yo me digo a mí misma "¡Sé que él es mi hermano!", en cambio si usted sonríe al notar que yo sonrío, me corrijo "No, no. Ahora sé que es mi tío" Pero hay un momento cuando usted quiere a mi semblante quitarle la tristeza,  donde yo exclamo con la mayor de las certezas, dentro de esa caridad escondida e inefable: "¡Yo creo que él es como mi padre!" Y el parentesco, entonces supera esas barreras  de lejanía, de tiempo, de nacionalidad. Usted es pariente que fue lejano pero que ahora se acerca. La simpatía y el afecto no nacen de las mismas venas, si usted es mi hermano, mi tío o hasta mi padre es porque el cariño no se engendra en el material de las arterias ¡es porque la sangre puede trascender la carne!

Se abre en pétalos de lirio

El corazón se me abre en miles de fuentes danzantes. El corazón se me deshace entre hojas de bugambilia roja. El corazón estalla en burbujas blancas frente al humo de una fábrica El corazón se me sale y baila, baila como medusa. El corazón me canta tristemente cómo perdió su vida. El corazón se entierra bajo metros de piel muerta. El corazón me voltea las costillas intentando hacerse unas alas. El corazón me apabulla como las luces de la ciudad que nunca pudo gozar. El corazón me ametralla con sus latidos de Kalashnikovak. El corazón entierra sus uñas en mis recuerdos. El corazón se me baña como gato frente al fuego. El corazón me mira. El corazón me pregunta:  ¿Dejaste que alguien te regalara flores? El corazón se me sale, quiere nadar. El corazón se recuesta a mi lado. El corazón es un animal muy pequeño que puede morder.

Un sueño diurno

Estaba tirada frente a un cruce de caminos. No se podía ver más allá de la mitad de cada uno de los tres senderos que se abrían ante mí, como dedos que se encajan en lo profundo de la tierra negra. Un extraño ruido abisal me invitaba a seguir, como el sonido del viento en una habitación vacía. Yo sabía que estaba completamente sola en esto y como una maldición se me pegaba en las costillas, hiriéndome el esternón. Estaba abandonada en la celda de la soledad. Levanté la vista, un cielo radiante y azul contrastaba con el negro que descendía por la línea del horizonte. -Ya me estoy cansando- murmuré poniéndome en pie. Me sacudí el polvo del vestido, polvo que parecía lima de hierro. Caminé hacia el primer sendero de la izquierda. La oscuridad me engulló sin abandonar al celeste de la bóveda. Aparecí en una extraña habitación blanca decorada con estatuas negras pulidas hasta parecer casi espejos. En medio había un gran sillón de piel azabache, y sentado un muchacho unos años má...